viernes

7 Mayo 2010

Como bien ha sugerido un Anónimo (que ya no es Anónimo) en un comentario del post anterior, hablaré sobre la accesibilidad para personas con movilidad reducida en los autobuses.

Realmente, con otras compañías no sé cómo será la cosa, pero en las que yo conozco y soy usuaria, Travimenta y Sepulvedana, aunque ahora esta última se ha unido al grupo Samar (aumentando el precio del billete, por supuesto), no hay accesibilidad alguna. De hecho, he dejado de ir a clase por el mero hecho de que soy incapaz de subirme a un autobús por tener un esguince en el tobillo derecho. Es imposible dar un salto tan grande para subirse, y no hay método alguno para conseguirlo, puesto que en un autobús no te vas a poner a subir con el culo (aunque sería curioso).

También sería un problema en el caso de bajar del mismo, ya que los buses tienen los escalones demasiado pequeños e inclinados. Así que, si yendo con muletas es imposible coger un bus (al menos yo, tal vez otras personas sepan, pero no es mi caso), si llevase una silla de ruedas... ¿Cómo quedaría la cosa? Entonces, las personas inválidas o lisiadas, ¿tienen que joderse y no usar el transporte público?

Venga ya, hombre, que con lo avanzado que está todo hoy en día deberían hacer algo en este aspecto. Y bueno, no sólo los autobuses deberían cambiar, también la gente, puesto que el hecho de ver a alguien con muletas y ver que necesita sentarse, parece que no importa una mierda.

Pensaba que algo se había avanzado, pero visto lo visto, veo que todo va a peor día tras día, lo cual es una lástima, damas y caballeros.

martes

20 Abril 2010

Hoy, he transformado lo asqueroso en bello; he dado una nueva visión a algo desagradable; he conseguido ver algo que me gusta en algo que me disgusta... 

Hoy, he usado mi imaginación inesperadamente, incontroladamente, y he obtenido algo bueno, algo grandioso...

Hoy, he descubierto un nuevo juego, muy sencillo, para los viajes en autobús: transformar los restos de chicle, que las agradables personas dejan en los ceniceros o cualquier otro lugar del asiento de delante, darles formas diferentes con la mente . Y no es coña, entretiene.  

Hoy, he visto en uno de esos chicles a Weregarurumon.

Lo juro, era exactamente igual. Y diréis, ¿y la foto? Borrada por error por una de mis torpes manos mortales. Una lástima, por cierto.

jueves

25 Marzo 2010

Y vuelvo a la carga... despotricando contra Travimeta.

El último día antes de que comenzasen las vacaciones de Semana Santa, tuve que coger un autobús para ir a la Universidad a entregar un maldito trabajo. En realidad, era para que la profesora me viera la cara, es decir, que gasté dinero para cinco minutos en la Uni. Un lujo. 

Pero bueno, no me andaré por las ramas. La cuestión es que tuve que coger obligatoriamente un autobús de la compañía Travimeta, pues Sepulvedana no tenía autobuses a la hora que lo necesitaba (sí, los horarios son una put* mierda). Resignada, subo y me la clavan al pagar (2,20€), miro hacia los asientos de atrás, ya que todo está lleno, y me asombro al ver que hay gente muy dispar sentada junta. Extrañada, me dirijo a la parte trasera y veo, con una mezcla de resignación y sorpresa, que está todo el suelo encharcado y el techo lleno de agua. 

Sin poder ponerle remedio, iba a sentarme en eso, pero por suerte, una chica, muy maja ella, me dijo que no se me ocurriera, que estaban empapados, que ella se había sentado antes ahí y se había mojado por completo y, lo peor de todo, es que no sólo estaban mojados, sino también sucios, muy sucios. Me contó que sus pantalones blancos habían cambiado por completo el color, cosa que he de decir que era cierta, pues lo comprobamos al bajarnos del bus. Así pues, el trayecto lo pasé conversando con la muchacha (menudo especímen...). 

Por si fuera poco, tuve que aguantarme las ganas de despotricar directamente contra el conductor, cosa que debería haber hecho, tanto yo como el resto de la gente que estaba montada, y más cuando se subió una mujer con un bebé y tuvo que sentarse directamente sobre el suelo encharcado y debajo de esas goteras artificiales (que no estaban solamente en la parte de atrás, sino a lo largo de todo el cacharro). 

Ver semejante escena y no hacer nada... Creedme que jode. Travimeta es una pura bazofia, no hay derecho a que tengan unos servicios públicos de esa forma tan peculiar. Es más, los animo a probar algo nuevo, algo original para ellos: limpiad, hostia. Usad el agua de ese autobús para limpiar el resto, así tendríais un dos por uno.

En fin, nuevamente tengo pruebas fotográficas. Disfrutadlas. -click para ampliar-




















Felices vacaciones y, en el caso de que no haya actualizaciones, es porque no he tenido que toparme con la necesidad de coger este queridísimo transporte público mío.


martes

27 Febrero 2010

Hace tiempo me surgió una duda; una duda que se acrecentó el sábado (la actualización va con retraso). ¿Por qué la compañía de autobuses que más cobra es la peor en cuanto a instalaciones? Es decir, ¿no debería ser mejor? ¿Tener mejores autobuses, más equipamiento, más... limpieza?

Todo comenzó cuando íbamos hacia la estación de Linares (otro pueblo de Jaén) Silvia (una compañera de clase) y yo a toda prisa, pues salía el autobús a las 11:00 am e íbamos con la hora pegada al culo. Llegamos con 5 minutos de sobra, compramos los billetes (cuyo precio pondré al final) y nos dan la noticia de que han cambiado la hora de salida. Así, sin más. De las 11:00 am la han cambiado a las 11:15 am. Bueno, tocaba esperar 20 minutos. [Conclusión: la Travimeta desea controlar el tiempo.]

Nos sentamos en un banco y vemos que hay un autobús de dos pisos estacionado, el cual está muy sucio y tiene lo del motor abierto (no sé si decir capó, no conozco la mecánica de estos trastos), con lo cual deducimos que el vehículo está siendo arreglado y/o inspeccionado. Nosotras seguimos en nuestro banco, esperando a que llegase el autobús que pensábamos que sería el nuestro. Gran error, pues descubrimos que ese mismo autobús, el sucio y "roto", es el nuestro. Genial. [Conclusión: la Travimeta es una guarra.]

Entramos y Silvia decide quedarse en la planta baja. Se sienta al lado de la ventanilla y yo a su lado. Entre risas notamos lo cargado que está el ambiente: polvo, mucho polvo. Costaba respirar bien, era muy molesto, y cuando digo muy, es demasiado. Si el autobús desde fuera estaba sucio, por dentro era diez veces peor. Los cristales no eran cristales, eran mierda acumulada. Pareciese que estuviera todo lleno de vaho, pues no se veía el exterior. El cielo, el cual estaba despejado por cierto, desde dentro del autobús parecía nublado, a punto de desatar una tormenta. Una auténtica guarrada. [Conclusión: la meteorólogos son usuarios de la Travimeta.]

Por otro lado, los asientos... Soy una persona que mide 1,70 m o un poco más, vamos, nada anormal. Pues bien, en esos sitios yo no cabía. Mis piernas chocaban con el asiento de delante, haciéndome daño incluso. No aguantaba estar con las piernas hacia delante, y el cruzarlas era algo impensable. Total, que acabé con las piernas abiertas para que pudiera estar medio agusto sentada. [Conclusión: los autobuses de la Travimeta promueven la prostitución.]

Personalmente, creo que la velocidad que llevaba el conductor era excesiva para semejante trasto, pues los ruidos que emitía ante las curvas no proporcionaban demasiada confianza. Cada ruido era como el chirriar de un millar de puertas de las que hay en los cementerios de las películas: puertas oxidadas, sin engrasar, cuyo sonido se te mete en el coco y te hace alucinar. Así pues, al sonido "alucinante" hay que añadir la sobredosis de polvo que respirábamos. [Conclusión: la Travimeta te hace volverte un drogata durante sus trayectos.]

Por primera vez en mi vida sentí ganas de llegar a mi pueblucho, básicamente para poder respirar aire puro... Bueno, "puro", de modo que en cuanto se detuvo, me despedí y bajé (apiadándome de Silvia, a quien le quedaba media hora de viaje después de haberse comido otra media). Le dije que le diría adiós por la ventana, para ver si era capaz de verme o yo de verla a ella. Y ni una cosa ni la otra. [Conclusión: no todo iba a ser malo, así que la Travimeta evita las despedidas, por si acaso son tristes.]

En fin, que al alejarme decidí sacar una última foto del autobús, al cual apenas se le distinguían las letras de la compañía. Vamos, que lo de Sociedad Anónima prácticamente lo llevaron a rajatabla. [Conclusión: en Travimeta son unos malditos cerdos y tacaños].

En cuanto a las tarifas, Travimeta cobra un trayecto de 25 minutos a 2,20 €, siendo los autobuses una pura bazofia, mientras que La Sepulvedana, mi compañía predilecta, cobra 1,74 € el billete, saliendo el de ida y vuelta a menos de 3 €, teniendo, además, unos autobuses en los que tienes espacio de sobra, pudiendo llegar a cruzarte de piernas si te apetece y sobrándote espacio todavía. [Conclusión: odio Travimeta.]


-Las fotos del autobús las adjunto a continuación (click en las imágenes para ampliar)-







jueves

18 Febrero 2010

Acabo de salir de hacer mi último examen de Febrero, estoy muerta de sueño y tengo hambre... Y ya voy por el tercer autobús cogido y sólo son las once de la mañana. Lo que menos me apetece es escuchar las voces de la gente que coge el bus conmigo, de modo que me pongo los auriculares y mi música a un volumen aceptablemente alto (soy una persona que suele tenerlo al mínimo) y mi "fascinación" comienza cuando noto que continúo oyendo las voces y las historias de la gente de mi alrededor porque están huecos. 

¿Acaso no saben lo que es moderar el tono de voz? A mí no me interesa saber que (todo esto es real) "Manolo ha estado en la vendimia con su amigo León", ni si "el puesto de fruta de abajo es más barato que el de arriba". Tampoco me apetece oír a una mujer decir (atentos): "¡me ze cayeron dos lágrimas como papas!". Yo subo al bus, me pongo mi música, me callo e intento relajarme hasta volver a casa (sin relajar demasiado, que me duermo). 

Ojo: no digo que deban permanecer en silencio, pero por Dios... ¡Que regulen la voz!

-Escrito durante el trayecto del autobús de esta mañana-

Bienvenidos

http://eltpysupm.blogspot.com es un blog donde escribiré mis aventuras y desventuras relacionadas con el Transporte Público (y su ya sabéis qué), que no son pocas, pues cada día he de lidiar con unos cuantos autobuses. 


Así pues, sin más introducción, bienvenidos a elTPysuPM.